Queridos Language Lovers:

Ya es oficial: el Diario de un alemol ha quedado incluido en la lista final de nominaciones para el Language Professional Blog 2012, una categoría del concurso Language Lovers 2012. Me llena de orgullo y satisfacción (léase con voz de monarca) que mi modesto blog, que ni siquiera versa exclusivamente sobre temas lingüísticos, aparezca entre tan ilustres blogs internacionales. Gracias a todos los que lo han hecho posible.

Hoy empieza la fase de votación, que durará hasta el próximo 28 de mayo. En los días posteriores se publicarán los resultados y el ranking de los ganadores. Si queréis votar el Diario de una alemol, podéis hacerlo aquí. ¡Muchas gracias y vielen Dank!

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El cuento del pobre intérprete-comodín

Érase una vez un intérprete jurado al que llamaron para interpretar en el interrogatorio de una parte. Le habían informado que, justo una semana antes, habían tenido que cancelarlo porque la intérprete, enviada por la malvada subcontrata para los servicios lingüísticos judiciales, era una holandesa a la que, por lo visto, no dominó muy bien los idiomas alemán y, sobre todo, español. El intérprete acudió puntualmente a la cita y se encontró con el abogado y su mandante en los juzgados. Hablaron del caso y de trivialidades, mientras esperaban el comienzo del interrogatorio. Cuando, al cabo de unos 45 minutos, además de los abogados respectivos de las partes varias, también llegó el juez, vieron que no quedaba ninguna sala de vistas libre y tuvieron que sentarse todos apretados en la sala multiusos. Todos menos uno: para sorpresa del intérprete, de repente apareció una intérprete de oficio y el juez “degradó” al primero a comodín y lo hizo salir de la sala. El pobre intérprete, algo confuso, se sentó en un banco y empezó a trastear con su móvil, mientras esperaba y esperaba y esperaba…

Cada cierto tiempo se preguntaba cuándo sería un buen momento para ir al baño o para comprar agua. Pero aguantaba en su sitio. No fuera que le llamaran a entrar justo cuando se había ido a beber o mear. A la hora, la vejiga del intérprete-comodín se empezó a quejar, al mismo tiempo que el chicle dejaba de ser la solución para combatir su sed. ¿Qué hacer? Salió corriendo al baño más cercano para satisfacer ambas necesidades y volvió lo más rápido a “su sitio” en el banco. Lo trágico de la situación era que tenía mucho trabajo esperándole en su despacho y le torturaba la sensación de estar malgastando las horas viendo pasar a abogados, secretarios judiciales, jueces, partes, gente esposada y acompañada de policías y mirando aburrido su muro del Facebook de vez en cuando. ¡Una llamada! Ah, un mensajero. “No, no estoy en casa, pásate esta tarde.” le dijo, esperando también estar de vuelta en casa por la tarde.

De repente se abrió la puerta de la sala, pero fue una falsa alarma, porque solo se trató de hacer un descanso en al bar de enfrente de los juzgados para tomar café y mear. Fueron todos: el juez, los abogados, el imputado y el pobre comodín, al que invitaron a un agua. Tres o cuatro cigarrillos del juez más tarde, se reanudó la sesión, con el intérprete comodín de nuevo en su banco. ¿Que por qué no se había ido a casa? Porque el abogado del imputado lo quería para traducirle a éste verbalmente las respuestas transcritas durante interrogatorio. Con esta misión a la vista, el comodín siguió esperando (im)pacientemente. Su único interlocutor en las siguientes dos horas fue una señora mayor que le preguntó por los servicios…

A las 14 horas, se abrió de nuevo la sala, y salieron todos. ¡Menuda sorpresa!  El interrogatorio había terminado sin que el pobre comodín tuviera que traducir ni una sola palabra. Algo decepcionado, pero con un nuevo artículo para su blog, volvió a casa. Y mientras le tocó recuperar el tiempo perdido, los demás intervinientes del interrogatorio se fueron felices y comieron… ¿perdices?

Conclusión:

Interpretar en los juzgados, en ocasiones, puede ser aburrido, pero mucho más lo es tener que estar ahí sin interpretar.

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¿Idiotas monotemáticos? ¡Qué va!

Ayer me tocó la interpretación anual para un cliente que fabrica extintores y que, desde 2005, los somete a una auditoría de calidad anual a través de un controlador alemán. La visita de control de éste en España durante dos días sirve para comprobar la documentación, que traduzco de forma oral, y para revisar y controlar los procedimientos y los procesos de trabajo en la fábrica, en lo que intervengo como intérprete entre el técnico de calidad español, los trabajadores españoles, el director de fábrica francés (habla alemán y español) y el auditor de calidad alemán. Ya en mi primera intervención de hace siete me di cuenta de la importancia de a) saber cómo decir “llave dinamométrica” en alemán, b) poder comer e interpretar al mismo tiempo, c) no dejarme provocar para demostrar tener aguante para beber y c) contar con conocimientos básicos de lo humano y lo divino.

Como me toca interpretar también durante las comidas y cenas, tienen especial importancia los últimos puntos mencionados.: Y es que el director de fábrica, cual padre, prácticamente me obliga a no centrarme únicamente en la interpretación sino a probar también todos los platos y las bebidas que se sirven, por lo que tengo que disimular con pequeños bocados y sorbos y hacer como si comiera las mismas raciones y bebiera también litros y litros de cerveza y vino, para poder realizar mi trabajo con el estómago no demasiado lleno y con la mente lúcida. Al fin y al cabo, me pagan por absorber la información tratada, no el alcohol servido…

Conforme aumenta la ingesta de alcohol de los interlocutores, los temas de conversación también se diversifica de una forma alarmante hasta llegar a un nivel preocupante que el intérprete debe asumir en ambos idiomas. En la interpretación de ayer, por ejemplo, los  cubalibres, las cervezas, la sangría, el vino y el coñac produjeron los siguientes temas interesantes, entre otros:

  • Viajes en trineo de perros en Laponia
  • Almacenamiento de residuos nucleares en Alemania
  • Zonas contaminadas por radiación en Siberia
  • Especialidades francesas: caracolas y ancas de rana
  • Ingredientes de la auténtica paella valenciana
  • Industria mundial de extintores
  • Fusiones de compañías automovilísticas en Alemania
  • Presente y futuro de las energías solar y eólica
  • Comparación de la moral de trabajo en España, Francia y Alemania
  • Mafia kurda en Alemania
  • Influencia de los católico polacos en la caída del muro de Berlín
  • Costumbres de beber en la España de finales del siglo 20
  • Conquista de la industria mundial por parte de China
  • Crianza de los hijos
  • Por supuesto, no hay que olvidarse de los temas principales: el tiempo en España y la crisis económica.

Es increíble, pero cierto: todo eso y más se habló durante una comida que duró unas tres horas. Con ello se rebatieron dos tesis a la vez: 1. Los hombres no siempre hablamos de los mismo. 2. Los traductores e intérpretes no podemos permitirnos convertirnos en unos meros “Fachidioten”, como decimos en alemán, es decir unos “idiotas monotemáticos” o “especialistas limitados”. De hecho, la curiosidad intelectual es un requisito básico para los que trabajamos de mediadores lingüísticos y culturales, ya que prácticamente no existe nada que no sea susceptible de traducirse o interpretarse en alguna ocasión. Por lo tanto, debemos mantener los ojos y oídos abiertos, para convertirnos en aprendices de mucho, pero también en maestros de algo, y para poder mantener e interpretar, por lo menos, conversaciones generales sobre todos los temas posibles e imposibles.

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