Media vida de alemol

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Hoy hace 20 años que me he mudado definitivamente a España. No obstante, para entonces ya llevaba unos tres años yendo y viendo: primero de estudiante erasmus, luego por mi relación a distancia y escribiendo mi tesina. Se puede decir que con mis 45 añitos llevo literalmente media vida de alemol. Por consiguiente, me siento conectado con ambos países –sus culturas, sus lenguas, sus gentes– por igual. Bueno, por supuesto que los últimos 20 años predominan bastante, pero mientras en Alemania algunos amigos y familiares me llaman “der Spanier”, en España siempre seguiré “el alemán”. Lógico, porque mi aspecto no cambiará, por muchos años que ya lleve aquí, y las malas lenguas incluso dicen que sigo teniendo acento. ¡Mí no poderr crreerrr!

En mi barrio soy uno más, pero cuando salgo de mi entorno habitual, en ocasiones me siguen tomando por turista. A veces me mosquea, pero, en general, me divierte. Además, mentiría si dijera que no saco provecho de mi vestigio de “alemanidad”. Cuando llegué a España era un alemán tímido que solo quería pasar desaparecido; hoy me parece destacable lo que me hace “diferente”. No me imagino otra vida (mejor) que la que tengo en España: de padre, de traductor, de eterno guiri.

Hace poco quedé a almorzar con Bernd Knöller, otro alemol en Valencia, y bromeamos con que ahora empiezo a ser “aleñol”, porque ya llevaré más tiempo viviendo en España que en Alemania. Bernd me hizo una pregunta simple, pero sorprendente: “¿Dónde te ves dentro de 10-15 años?”. La verdad es que no pude darle una respuesta definitiva porque no es algo que me haya o me hayan preguntado nunca. Soy bastante espontáneo (“para ser alemán” añadirán algunos), y no suelo hacer planes a medio o largo plazo. Si algo me ha mostrado mi experiencia vital de los últimos 22-23 años, es que tengo un buen instinto para las oportunidades: creo que sé reconocer y aprovecharlas. Por eso, no tengo la sensación de haber perdido ninguna ni de haber tomado un mal camino, y eso que me he encontrado con no pocas encrucijadas. Una de las más importantes me ha convertido de alemán en alemol, y me alegro. Visto lo visto, seguiré confiando en mi instinto…

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