Rezept für eine zweisprachige Erziehung?

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Algo nuevo se cuece en mi casa. No se basa en una receta perfecta, porque, cual Ferrán Adrià, sigo experimentando con los ingredientes, sus proporciones y los pasos de preparación para conseguir un resultado a gusto mío y de mi mujer: hijos con educación bilingüe. Si bien los ingredientes básicos son invariables, la receta en sí es subjetiva y sujeta a variaciones. Está claro que requiere una larga preparación, cuyo éxito depende en gran medida de las habilidades y del gusto de los cocineros. Al tratarse de una receta de “alta cocina”, su ejecución es bastante más compleja de lo que parece, por lo que precisa la colaboración de un mínimo de dos chefs.

Ingredientes:

  • 1 niño o más
  • 2 lenguas o más *
  • mucha conversación
  • mucha música (no hace falta que esté recién hecha)
  • toneladas de cultura general
  • 1 libro semanal
  • 1 pizca de TV
  • tiempo, paciencia y aguante según disponibilidad
  • inmersiones lingüísticas y culturales de todo tipo
  • guarniciones y adornos a gusto  de los chefs

* En este caso: castellano y alemán, aunque podéis usar las que tengáis en casa – todas combinan bien.

Preparación:

Es importante que cada chef se ocupe solo de un ingrediente principal, para no estropear la delicada mezcla. En el presente caso, la cocinera se dedica a la “lengua mayoritaria” (el castellano), mientras el cocinero se ocupa de la “lengua minoritaria” (el alemán). Ambos deben centrarse en manejar bien su ingrediente, aunque coordinándose bien entre ellos.

Lo primero es juntar ambos ingredientes principales en abundantes cantidades. Cuanto más y más fresco, mejor. No hay que escatimar en cantidad, sino que hay que hablar, cantar y contar cuentos siempre que se pueda, cada chef en su lengua materna. Primero introducimos algunas palabras descriptivas y conceptos cuidadosamente seleccionados, removiéndolos una y otra vez hasta que se disuelven. Lo habitual es empezar con “mamá” y “Mama”, “papá” y “Papa”, para luego ir avanzando con “abuela/abuelo” y “Oma/Opa”. Aquí es preferible elegir ingredientes sencillos, pero naturales y de calidad, prescindiendo, de ser posible, de productos artificiales que complican la preparación, como, por ejemplo, “guau guau” y “Wauwau” en vez de “perro” y “Hund”. En esta fase de preparación es habitual intentar evitar tacos y expresiones malsonantes. Inevitablemente irán apareciendo y, por desgracia, solo dependerá parcialmente del cuidado de los chefs si estos ingredientes estropean el resultado deseado.

Poco a poco iremos incorporando los ingredientes adicionales en una equilibrada proporción. Añadimos la música, tanto la música general (nanas, canciones infantiles, etc.) como los productos estacionales (villancicos, canciones de verano/invierno, de cumpleaños, etc.). Conforme avanza la preparación, podemos agregar la lectura de cuentos a gusto de los chefs, que los preseleccionarán. Deben cuidar su pronunciación, su mímica y sus gestos, ya que influyen en la calidad del resultado.

Envolvemos esta mezcla en explicaciones relacionadas con el descubrimiento paulatino del entorno. En esta fase de la preparación siempre debemos tener a mano una taza (o mejor dos) de tiempo, paciencia y aguante, igual que respuestas a la recurrente pregunta “¿por qué?” o “warum?”. Son ingredientes valiosos que no siempre están disponibles, pero que conviene usar en abundancia cada vez que se pueda.

Ahora viene un ingrediente delicado que debe añadirse en pequeñas cantidades: la televisión. El momento exacto para incorporarla depende del criterio de los cocineros, igual que su dosificación. Los cocineros inexpertos tienden a abusar de este ingrediente, cuando escasean otros como tiempo y paciencia, pero no son equiparables y no tienen el mismo efecto. Sí es verdad que existen programas didácticos que pueden darle un toque interesante a nuestra mezcla, sobre todo si nos fijamos en que sean productos adaptados a los dos ingredientes principales: el castellano y el alemán.

A medida que avanzamos, incorporamos la ayuda de pinches que, en guardería, colegio, instituto o universidad, contribuyen a que nuestra mezcla se convierta en un contundente pastel. El tiempo de hornear es fundamental: a más tiempo, más hecho estará el pastel. Pero cuidado: por muy experimentados que estén estos pinches, nosotros seguimos siendo los chefs responsables, por lo que no debemos dejar nada al azar.

Para compensar la lógica predominancia del sabor de la “lengua mayoritaria”, que puede provocar un sabor amargo de la “lengua minoritaria”, los expertos recomiendan varias capas de experiencia práctica para endulzar ésta última. Generalmente se sirve de frecuentes inmersiones en la cultura de la “lengua minoritaria”, recurriendo o bien a ayudantes experimentados (au pair, etc.) o bien a visitas al origen de la cultura (vacaciones, semestre/prácticas en el extranjero, etc.), hasta empapar la mezcla. En este paso también se aplica el principio: más vale excederse que quedarse corto.

Una vez añadidos todos los ingredientes, los mezclamos bien y no dejamos de removerlos en ningún momento, ya que la falta de atención puede hacer desinflar la mezcla como un suflé. Es difícil determinar un momento exacto en el que nuestro pastel esté del todo terminado, porque su perfección se basa en la continuidad y en cuidar los detalles. Como en todas las grandes recetas, su éxito final depende mucho de la creatividad de los cocineros, que pueden añadir guarniciones y adornos a su gusto.

En caso de dudas, es preferible recurrir al criterio de otros cocineros o pinches expertos, aunque también es fundamental tener en cuenta un proverbio: muchos cocineros echan a perder el caldo…

En este sentido, deseo a nosotros mismos y a los demás chefs que tengamos mucho éxito con esta delicada receta y su ejecución. Y aunque el resultado no llegue a ser exactamente como nos lo imaginemos, nunca hay que olvidar que será nuestro pastel, ¡y que siempre estará para comérselo!

26 Comentarios

  1. Me gusta mucho tu artículo, André. Ahí me has tocado la fibra sensible: los niños y los idiomas. Para mí, esa “receta” fue todo un reto y al final un éxito, pues tenemos 3 idiomas en casa: el español (entre mi marido y yo), el francés (entre yo y los niños) y el italiano (entre mi marido y ellos). Con mi primogénito, nos empeñamos tanto en hablar, cantar y leer mucho con él (sobre todo contar cuentos) que a los dos años ya era bilingüe, construyendo frases completas. El español lo aprendió poco después en la guardería y el cole con los amigos. Son como esponjas y tenemos que estar a la altura para darles respuesta a las enormes ganas que tienen de aprender.

    Estoy segura que lo haréis a la perfección. Ah, y vuestro “pastel” ¡YA es para comérselo! 🙂

  2. Excelente receta. Un servidor recibió una educación bilingüe, pero, en realidad fue trilingüe (involuntaria). Mis padres eran de origen alemán, nacidos en Bélgica, por lo que hablaban coreectamente alemán y francés. Luego, cuando vinieron a España, tuvieron que aprender español y un servidor ya nació aquí en un entorno trilingüe.

    Lo que pasó fue lo siguiente: mi padre me hablaba mayoritariamente en alemán y mi madre mayoritariamente en español y, entre ellos, hablaban en francés cuando no querían que me enterase de algo. Al final, de tanto oirles hablar en francés y por la similitud fonéticade muchos vocablos con el español, accabé entendiendo todo lo que decían. Así que no hay ningún problema con el tipo de educación que planteas.

    Lo que sí se hace difícil es mantener este acervo cultural a medida que se hacen mayores. Que recuede, hasta los 18 años no he pasado un solo verano completo con mis padres, porque me enviaban a países de habla germánica: Alemania, Austria, Suiza, etc. De los 8 a los 10 años viví sin interrupción en un Kinderheim en el Allgaü (en Hindelang). Y, en invierno, tampoco lo dejaba: primero, Deutsche Schule, luego el Deutsches Kulturinstitut y, finalmente, la Uni de Heidelberg. Pero, eso también conlleva un coste emocional y económico a considerar con mucha cautela, creo yo.

    • Muchas gracias, Pablo, tanto por la respuesta en sí como por compartir tu propia experiencia, que resulta muy interesante. Está claro que una cosa es una educación multilingüe, y otra bien diferente una eduación intercultural. El nacer y vivir en un país nos marca siempre más que cualquier estancia esporádica (por muy larga que sea) en el país y la cultura de origen de otra de nuestras lenguas. Me imagino que, tomada en serio, la educación multilingüe e intercultural conlleva muchos momentos y decisiones difíciles que vislumbran en tu última frase. Gracias por comentarlo.

  3. ja, ja, ja me he dado una vuelta por tu blog (sobretodo me ha interesado lo relacionado con los niños) y me resulta llamativo que, al final, la vida y lo importante que nos da, tampoco es tan distinto. Mi vida es muy similar a la tuya… aunque nosotros (es una lástima) sólo les hablamos en español.
    Tengo que encontrar mi receta.
    Déjame pensar…

  4. Hi du Chefkoch,

    ich hoffe das eure zweisprachige Erziehung genau nach eurem Rezept abläuft und ihr damit den gewünschten Erfolg erzielt.
    Auch wir werden euch dann versuchen bei der schwachen Sprache unter die Arme zu greifen, schließlich sind wir beim eintauchen in die Kultur der schwachen Sprache dabei.

  5. ¡Estimado Alemanol!
    Me ha ENCANTADO la forma en la que has redactado esta entrada. Yo he resultado bilingüe sin querer por algunas mudanzas y siempre me he preguntado cómo podría crear algún día un pastelito bilingüe y con esta descripción tan entretenida y deliciosa creo que podría salir un exquisito pastel.
    Muchas gracias por publicar estas cosas

  6. Viel Glück!
    Und bitte auch an andere Kinder denken. Meine Tochter, 2 Jahre mit 3 Sprachen zuhause (Katalan, English und Deutsch) hat am meisten von den gemeinsamen Wochen mit dem deutschen Cousin profitiert, der ein reichliches Jahr älter ist. Das glaubt Dir kein Chefkoch, aber der Kuchen schaut wirklich bei der Torte ab!!!

  7. Excelente comentario, a mi lo que me cuesta lograr con mi hija Alma es la consecuencia, es decir, hablarle siempre y siempre en español aunque ella reaccione en alemán. A veces por comodidad sigo la corriente en alemán, a veces porque no me doy cuenta
    Te felicito….y tu respuesta al comentario de Nit me parece aún mejor: no estamos criando los primeros niños bilingües, pero si nuestros primeros hijos bilingües
    Saludos desde Sajonia
    Ana

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