A ser posible, para ayer

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Sí, una vez más vuelvo a hablar de nosotros, los traductores, un tema bastante recurrente en este blog… El fin de semana pasado hablé con una compañera sobre nuestra profesión, que sigue siendo una incógnita para mucha gente. A veces nos preguntan por qué tardamos tanto tiempo en hacer una traducción. Lo cierto es que parece que somos muy lentos en comparación con el Traductor de Google, pero, en cambio, ¡nuestras traducciones se entienden! En serio: “producto mejor que la competencia ser” puede sonar aceptable para un aficionado a la Guerra de las Galaxias, pero no debería aparecer en una publicidad seria. Si alguien usa un traductor instantáneo para textos profesionales que exigen calidad, probablemente también usará Google para buscar instrucciones para operarse a sí mismo de apendicitis o para defenderse a sí mismo en un juicio; ¿no? Ah, ¿que no es lo mismo? Yo creo que sí, porque las traducciones malas o erróneas pueden tener consecuencias graves e incluso ser cuestión de vida o muerte, si, por ejemplo, se traslada mal el contenido de un documento médico o jurídico. Y es que los traductores automáticos no saben si deben traducir “Läufer” como “alfombra”, “alfil”, “rotor” “corredor” o incluso como “cerdo”, porque varía según el contexto y la cultura de origen y de destino. A veces las tecnologías de traducción pueden fallar del todo, como demuestra la imagen de un restaurante chino con el nombre original “Translate server error”. Si ahí cocinan como traducen, mejor buscar otro sitio para comer…

Pero volvamos al tema mencionado en el título. Antes de lanzar un nuevo producto o una nueva página web, los especialistas involucrados trabajan semanas o incluso meses en el diseño, el eslogan, los contenidos, el estilo de redacción adecuado para el público objetivo, etc. Cuando llega la hora de la traducción, sin embargo, todo son prisas – ¡y eso que una traducción precipitada puede estropear todos los aspectos anteriores! Cuando un cliente me pide traducir un texto “a ser posible, para ayer”, suelo preguntar cuánto tiempo tardó en redactar el texto y luego añado: “Pues eso, yo tardo lo mismo para traducirlo.” Al fin y al cabo, traducir significa reescribir un texto en otro idioma.

En el mejor de los casos, una traducción debería reposar unas horas o –mejor– unos días antes de entregarse, porque así uno puede superar la ceguera para los errores propios en la última revisión. Por supuesto que pueden darse emergencias que hacen imprescindible una traducción urgente, pero el cliente siempre debería conocer los riesgos que conlleva. Mi argumento principal en contra de las traducciones a toda prisa, incluso cuando el cliente asume que pueden producirse errores, es la longevidad de los textos. Si dentro de 5 o 50 años alguien se encuentra con una mala traducción, evidentemente no sabrá que esta traducción se realizó de forma apresurada, sino que solo verá las erratas. A veces, en caso de urgencia, un cliente puede decidir ocuparse él mismo, y también puede que esta decisión sea aún peor: imaginaos abrir una página web y veros obligados a elegir entre “Espanol”, “Englich” y “Deutsh” – ¿a que inspira poca confianza? Claro que pueden cometerse errores, pero, por regla general, se pueden evitar dejando el trabajo en manos expertas y concediendo un plazo adecuado. ¿O tal vez obligaríais a un médico, notario, panadero o electricista a realizar su trabajo en un plazo determinado? “Quiero que me ponga una corona / libre un acta / prepare una tarta / instale un enchufe nuevo, y tiene media hora.” Suena a chiste, pero suele ser el pan de todos los días de los traductores.

Por cierto, la “urgencia” es un concepto muy subjetivo. He aceptado traducciones urgentes de una página con un plazo de una semana y otras de diez páginas para entregarlas horas después. En este último caso, supuestamente se trata de una cuestión de vida o muerte, pero si recibes la confirmación de lectura a los tres días de enviar el mensaje con la traducción, puede que la traducción fuera tan urgente… Mi encargo más urgente hasta ahora consistía en realizar una traducción jurada en media hora para llevársela al cliente a la Jefatura de Tráfico en el otro extremo de la ciudad. Me llamó directamente desde la cola del mostrador y pretendía que le entregara la traducción antes que le llegara su turno. ¿Puede que me confundiera con Telepizza? Nunca lo sabré porque mi risa incrédula ahogó su respuesta…

Para conseguir que el público general entienda las tareas de traducción e interpretación, la Xarxa, la Red de Traductores e Intérpretes de la Comunidad Valenciana, ha editado un folleto excelente que os adjunto:

 

 

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