Alemolpedia: “zas”/“zasca”

Tras una larga pausa vuelvo a reflexionar sobre un término español –o, mejor dicho, sobre dos variantes de un término– que ya lleva tiempo formando una parte casi imprescindible de las redes sociales en España: “zas”/“zasca”. En realidad, son representaciones de un sonido, llamadas onomatopeyas, que imitan un golpe (ver definición en el DRAE), aunque las palabras en sí ya se usan en el sentido de “golpe” o “puñetazo”. Sin embargo, no se refieren en absoluto a un acto de violencia, sino más bien a una respuesta ingeniosa, una réplica sorprendente o un comentario que le choca al destinatario como una tarta en la cara. El término “zas” se ha extendido gracias a la popular serie de dibujos animados Padre de familia (ver artículo sobre su origen), cuyo protagonista Peter Griffin lo uso a menudo en la exclamación “Zas, ¡en toda la boca!” –al principio con una connotación sexual, según se explica en un episodio. La frase original, “Pow! Right in the kisser!”, proviene del cómico estadounidense Jackie Gleason y su sitcom de los años 1950, llamada The Honeymooners, cuyo protagonista tiene una breve aparición en Padre de familia. Sorprendentemente, la exclamación “¡Zas, en toda la boca!” también se usa en la versión española de la serie The Big Bang Theory, aunque aquí se trata de una traducción libre y, por lo visto, de una referencia deliberada, ya que en la serie original Sheldon Cooper utiliza la palabra inventada “Bazinga”, con un origen muy diferente.

Pero volvamos con el “zas” y la forma derivada “zasca”, que ya se han convertido en ingredientes habituales de memes e incluso de titulares y publicaciones que se refieren a las reacciones ingeniosas en el contexto de internet. De esta forma, se leen cada vez más noticias breves o reacciones en internet que hablan de un “zas” o “zasca”, aunque la mayoría de las veces se entrecomillan estos términos para marcarlos como coloquiales: “El ‘zas’ del hijo de Rajoy a Manolo Lama” (26/11/2015), “El ‘Zas… ¡en toda la boca!’ de Adolfo Suárez a Bertín Osborne en su propia casa” (5/11/2015), “Zasca en Twitter de Jordi Évole a un dirigente del PP” (23/11/2015) y “La Embajada de EEUU en Moscú se apunta el mejor ‘zasca’ del año” (20/11/2015) son solo algunos de los ejemplos más recientes.

En publicaciones de internet o en medios en línea en alemán, no obstante, se lee muy poco “Peng, voll in die Fresse!”, que es la traducción al alemán de “¡Zas, en toda la boca!”, usada en la versión sincronizada de Padre de familia, mientras en la versión alemana de The Big Bang Theory se mantiene la palabra inventada del original: “Bazinga”. Por lo tanto, parece que en alemán la expresión “Peng, voll in die Fresse!” no ha desarrollado esa vida propia ni se ha extendido rápido en el lenguaje de los jóvenes y del día a día tal y como ha ocurrido con “zas” y “zasca” en español. ¿Entonces cómo debemos proceder los traductores en este caso? Si yo tuviera que traducir estos términos de acuerdo con su significado, en alemán hablaría de “schlagfertige Antwort”. Pero si, según el contexto, se admitiera un lenguaje onomatopéyico coloquial, también encajaría algo como “Bamm, das saß!” (“Peng” me suena demasiado a un tiro o un chasquido). ¿Tienes alguna otra propuesta? ¡Soy todo oídos!

¿Qué término o expresión te gustaría ver incluido en la Alemolpedia? Escríbeme: andre@diariodeunalemol.com

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Oye, ¿cómo va esa educación bilingüe?

Es una pregunta que me hacen a menudo, y la verdad es que siempre contesto lo mismo: Va muy bien. Vaya por delante que me basa solo en mi propia percepción de los logros educativos y la de mi entorno porque no leo manuales al respecto. A pesar de ello –o justo por eso– estoy muy contento. Los mellizos, que cumplieron tres años en julio, ya entienden todo lo que les digo en alemán (salvo algunas explicaciones acerca de la física cuántica), y me hacen el mismo (poco) caso que a su madre cuando les habla en castellano. Cuando pasan mucho tiempo a solas conmigo se lanzan también a contestar en alemán (palabras sueltas o frases cortas) o hacen mezclas como en una frase que me soltó mi hija hace poco: “En la clase tenemos ein Mädchen que se llama Nicole, pero hoy no ha vingut.”

Uy, ¿también valenciano?

Sí, desde septiembre van a un colegio público en Valencia (a dos clases diferentes por recomendación del propio colegio), que tiene dos líneas de castellano con algunas clases de valenciano e inglés. Aunque todavía se hacen un poco de lío, ya saben cada vez mejor cuándo, cómo y en qué idioma usar ciertas expresiones: así, por ejemplo, se despiden de mí en alemán (“tschüss, papi”), de mi mujer en español (“adiós, mami”) y de una amiga británica en inglés (“bye-bye, Helen”).

¿Que si les hablo en alemán todo el tiempo?

Pues sí, digamos que el 90 % del tiempo, y el 10 % restante se suele limitar a situaciones muy concretas cuando estoy rodeado de mis peques y sus amigos y me toca comentar algo en un idioma que dominan todos, por ejemplo: “No, no os podéis bañar en esa fuente”. No soy partidario de hacer como si no entendiera el castellano porque ellos saben perfectamente que lo hablo con su madre y con el resto de la familia y los amigos. Pero cuando ellos se dirigen a mí en español, yo les contesto en alemán de forma muy natural, y la comunicación fluye. No les obligo a hablar en alemán porque creo que sería contraproducente, pero sí les pregunto a menudo si saben cómo decir esto o lo otro en alemán. Y a veces me lo preguntan ellos mismos cuando aprenden algo nuevo en español: “¿Y cómo se dice auf Deutsch, papi?”. Con el tiempo me he ido acostumbrando a que la gente (desconocida) me mire sorprendida o incluso pregunte por el idioma en el que les hablo a mis hijos. Pero ya he perdido esa falsa vergüenza que tenía al principio.

¿En qué más existe mi educación en alemán?

Les leo cuentos, jugamos juntos, les pongo canciones infantiles en casa (por ejemplo, este álbum) y en el coche, vemos algunas series infantiles o incluso películas, quedamos con otras familias en la misma situación e intento encontrar actividades en alemán en Valencia. La verdad es que no es fácil porque hay mucha oferta en inglés (talleres, cuentacuentos, cursos de cocina, teatro infantil, etc.), pero pocas cosas en alemán (si os enteráis de actividades en alemán en Valencia, ¡avisadme, por favor!). Por eso, en vez de seguir esperando a que otros organicen algo por nosotros, he decidido tomar la iniciativa y hacer algo yo: para el próximo 3 de noviembre estoy preparando una hora de cuentacuentos con bricolaje en alemán titulado “Geschichten & mehr”, que tendrá lugar en La Ola Fresca en Benimaclet. Los interesados aún os podéis inscribir hasta el 31 de octubre. (Fin del autobombo.)

¿Y qué pasa con la cultura alemana?

Para eso me tienen a mí y a su familia alemana como referentes. Las vacaciones en Alemania son ideales para una inmersión cultural lingüística y para impulsar el dominio activo y pasivo del idioma. En España hablamos casi a diario con mis padres por Skype, que es una buena forma de interactuar, enseñar, contar cosas del día a día, repasar vivencias, etc.

El año pasado celebramos en casa el día de San Nicolás (que, por cierto, cae en el Día de la Constitución) con amigos y sus hijos: vino el Nikolaus en persona a traerles regalitos a los peques y hubo pastas navideñas para todos (además de Glühwein para los mayores). Como todos los años visitamos también el tradicional Mercadillo de Navidad del Colegio Alemán de Valencia, y seguro que repetiremos este año (será el viernes, 27 de noviembre).

¿Y por qué no van al Colegio Alemán?

Una buena pregunta, para la que tengo dos buenas respuestas: por un lado nos resulta demasiado caro, y por el otro lado sé que se ejerce bastante presión a los niños y adolescentes para mantener un alto nivel y prestigio, por lo que va fuera el que no rinde (me lo han confirmado varios exalumnos y padres). Sí, me parece importante que mis hijos aprendan alemán, pero no va por encima de todo. Quiero lleguen a ser pequeños “alemoles”, pero también que sean felices y que puedan aprender a su ritmo.

¿Y qué pasa con leer en alemán? ¿Y con la gramática alemana? ¿Y con…?

Tranquilo, de eso iré hablando cuando toque. De momento, mis hijos están aprendiendo el abecedario (también en alemán), gracias a este fantástico libro que no me canso de recomendar: https://www.youtube.com/watch?v=ktAgHCRjSPU

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¡Sabes alemán! (… y puede que no lo sepas – parte II)

Hace unos dos años publiqué el primer artículo sobre este tema, que fue bastante bien recibido. Pero en la lengua española existen muchas más palabras que son o parecen de origen alemán y que usamos sin reparar en su significado, por lo que he preparado esta segunda parte. Quiero recordar que no se trata de préstamos del alemán, los llamados germanismos, como kindergarten o leitmotiv, que ya son bastante conocidos incluso entre los que no saben nada de alemán ni de Alemania.

Personas y personajes conocidos

¿Quién no conoce al inventor de la imprenta, el alemán Johannes Gutenberg? No es que tenga un apellido fácil de traducir, pero cuando vuelvas a leer su nombre, sabrás que se compone de “gut” (“bueno”) y “Berg” (“monte”, “montaña”).

El pintor Paul Klee, suizo de nacimiento, tiene un apellido que significa “trébol”, y fundó con otros artistas un grupo llamado “Der Blaue Reiter” (“El jinete azul”).

Un artista en otro ámbito ha sido el exfutbolista Franz Beckenbauer, apodado “el káiser” (al. “der Kaiser” = “el emperador”), cuyo apellido viene de la combinación de los oficios de panadero y agricultor, aunque literalmente se compone de “Becken” (“lavabo, “pila”, piscina”, “pelvis”, “cuenca”) y “Bauer” (“agricultor”). Y con eso también sabéis de dónde procede el apellido germánico de Jack Bauer, el protagonista de la exitosa serie “24”.

Richard Wagner, un compositor admirado y criticado por partes iguales, tiene un apellido derivado de otro oficio antiguo, en este caso de “carretero”.

Los Hermanos Grimm, famosos por sus cuentos, tenían como apellido una palabra alemana que significa “rabia”, “furia”.

Hace poco se murió el cantautor Javier Krahe, pero lo que pocos sabían es que su apellido poco común en España viene del alemán “Krähe” (“corneja” o “cuervo”).

El recién elegido portavoz de UPyD, Andrés Herzog, también ostenta un apellido de origen alemán que significa “duque”.

Y hablando de apellidos de políticos: Hasta la presidenta de Argentina tiene un apellido traducible, porque “Kirchner” era como se llamaba antiguamente al “sacristán” de una iglesia en Alemania.

Otro personaje ilustre, el sueco Alfred Nobel, creador de los premios que llevan su nombre, cuenta con un apellido que en alemán significa “noble”, “generoso” o “lujoso”.

Saltamos del mundo real a la ficción: Frankenstein, el inventor de la criatura a la que también se conoce por este nombre, debe su apellido a la unión de las palabras “Franken” (“francos”) y “Stein” (“piedra”), por lo que se podría traducir como “la piedra de los francos”.

Una familia de ficción más reciente, los Stark, creada por George R. R. Martin, también cuenta con un apellido germano que significa “fuerte”.

Marcas

Hay muchas marcas alemanas o seudoalemanas que triunfan en España. Algunas ya las he comentado en este otro artículo, como las empresas de productos congelados Eismann, cuyo nombre se compone de “Eis” (“hielo”) y “Mann” (“hombre”) para formar “hombre de(l) hielo”, y Bofrost, que debe su nombre a la unión del apellido del fundador, Josef Boquoi, con la palabra “Frost” (“helada”).

La conocida editorial Taschen también tiene un nombre germano, que significa “bolsos” y que se debe al apellido del fundador, Benedikt Taschen.

Blaupunkt, el fabricante alemán de aparatos electrónicos, debe su nombre a las palabras “blau” (“azul”) y “Punkt” (“punto”), porque, por lo visto, se marcaban con un punto azul aquellos productos que superaban el control de calidad.

Lo admito, Whirlpool no es una palabra de origen alemán, pero si buscáis una habitación con “jacuzzi”, este anglicismo os ayudará a encontrarla.

Una de las marcas alemanas más conocidas es la compañía aérea Lufthansa, cuyo nombre es la unión de “Luft” (“aire”) y la palabra antigua “Hansa” (“federación”), que también se usa, por ejemplo, en el nombre del club de fútbol FC Hansa Rostock.

El Grupo Eulen tiene su origen en Bilbao y es español, pero su nombre es alemán y significa “lechuzas”, un animal que también forma parte del logotipo corporativo.

Otro grupo empresarial conocido, el Grupo Allianz, tiene un nombre germano fácilmente traducible: “alianza”.

Los amantes del chocolate conocerán la marca Ritter Sport, que, traducido al castellano sería “caballero deporte”, aunque hay que saber que Ritter sólo es el apellido de los fundadores, no una referencia al medievo.

La compañía Bayer, conocida, entre otros, por comercializar la aspirina, también deriva su nombre de su fundador, Friedrich Bayer. No obstante, “Bayer” también es la traducción de “bávaro”, por lo que la prensa y la afición del fútbol a menudo se hacen un lío con los clubes Bayer Leverkusen y Bayern München.

Bauhaus es tanto el nombre de una cadena de tiendas de bricolaje como de una escuela de arte y arquitectura fundada por Walter Gropius, y en ambos casos el nombre tiene su razón de ser, ya que significa “casa de construcción”.

Henkel es una empresa alemana de productos químicos, cuyo nombre viene del fundador, Fritz Henkel, y también tiene traducción: “asa”.

Millones de amas de casa y de cocinicas conocen la marca Vorwerk, que también se deriva del apellido de sus fundadores, Carl y Adolf Vorwerk. Además, se compone de las palabras “vor” (“ante”, “delante de”) y “Werk” (“fábrica”, “obra”).

Otro clásico en el hogar español es la marca Telefunken, para cuyo nombre los creativos recurrieron al prefijo “tele-“ y la palabra “funken” (“radiotelegrafiar”).

Un ejemplo más actual y más conocido entre los jóvenes es la cadena Media Markt, cuyo segundo elemento de nombre es la palabra alemana de “mercado”.

La marca Bitter Kas es de origen español y poco tiene que ver con Alemania, salvo que “bitter” significa “amargo”, tanto en alemán como en inglés.

Incluso los gourmets de la cerveza conocemos la marca Steinburg, propiedad de Mercadona, cuyo nombre se integra de las palabras alemanas “Stein” (“piedra”) y “Burg” (“castillo”) y que también es un topónimo alemán.

Un origen innegable alemán tienen los licores Jägermeister, que deben su nombre a la antigua denominación de los guardas forestales (significado: “maestro cazador”). Y sí, por eso aparece un ciervo en el logotipo.

La cerveza Voll-Damm es española, no alemana, pero sí lo son las partes de su nombre, es decir “voll” (“llena”, “completa”) y “Damm”, el apellido de los fundadores, August Kuentzmann Damm y Joseph Damm, también traducible como “dique”.

Otra cerveza popular en España, la Adlerbrau, tiene un nombre seudoalemán, ya que debería llevar diéresis: Adlerbräu. “Adler” significa “aguila” y “Bräu” es un elemento habitual en el nombre de las cervezas alemanas, ya que significa tanto “cerveza” como “cervecería”.

El famoso Hotel Ritz debe su nombre a su fundador, el hotelero suizo Cäsar Ritz, cuyo apellido puede traducirse como “rasguño” o “grieta”.

Geografía

Da igual si conoces el nombre de esta ciudad por sus salchichas o por su aeropuerto, pero igual te interesa que Frankfurt – tal y como se escribe en alemán – se llama así por haber sido el “vado” (“Furt”) de los “francos” (“Franken”).

En los topónimos alemanes se repiten a menudo elementos como “Berg” (“monte”, “montaña”), “Burg” (“castillo”), “Stadt” (“ciudad”) o “Dorf” (“aldea”, “pueblo”), como en los nombres de regiones o ciudades tan conocidas como Baden-Wurtemberg, Heidelberg o Núremberg, Hamburg (versión española: Hamburgo) o Brandenburg (Brande[m]burgo), Darmstadt y Düsseldorf. Por cierto, cerca de Düsseldorf se encuentra el “valle de Neander”, que os sonará más en alemán: “Neandertal” (Joachim Neander era un admirado pastor luterano que trabajaba en aquella zona).

¿Conocéis la ciudad de Essen? Pues entonces sabéis cómo se dice “comida” – y “comer” (al. “essen”) en alemán.

Gastronomía

Hablando de comer: sí os gusta el strudel de manzana (“Apfelstrudel”) y os preguntáis por el origen de su nombre, sólo debéis acordaros de su corte, que se asemeja a un remolino (“Strudel”).

El spritz es un refrigerio alcohólico italiano muy conocido, que data de los tiempos de los austro-húngaros y que debe su nombre a la abreviatura de la palabra “Gespritzer”, como se conoce en los países de habla alemana un vino con agua mineral con gas. El verbo “spritzen” significa “salpicar”.

La lager es un tipo de cerveza hecha con levaduras de fermentación baja y que pasa bastante tiempo en el almacén; por cierto, “Lager” es la palabra alemana de “almacén”, “depósito”.

Quien ha estado en Düsseldorf conocerá su famosa cerveza llamada Altbier (abreviada: “Alt”), un tipo oscuro de alta fermentación, cuyo nombre significa “cerveza vieja”, pero no porque esté rancia sino por su larga tradición.

Miscelánea

König es un apellido muy común en Alemania – igual os suena el dibujante de cómics Ralf König –, que además significa “rey”.

La Terapia Gestalt es una modalidad de terapia psicológica, cuyo nombre alemán puede traducirse como “forma”, “figura” o “estructura”.

No sólo los amantes de las teorías conspiranóicas conocerán el Club Bilderberg, al que pertenecen las personas más influyentes del mundo (menos tú y yo). El ilustre club debe su nombre a la sede de la primera reunión, el Hotel de Bilderberg, cuyo nombre a su vez se compone de las palabras “Bilder” (“imágenes”, “cuadros”) y “Berg” (“monte”, “montaña”), como ya comentaba antes. Después de saber eso ya puedes deducir que el nombre del tabloide alemán Bild puede traducirse como “imagen” o “cuadro”.

¿Se te ocurren más ejemplos? Igual da para una tercera parte.

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