Das Recht zu entscheiden

Zeichnung von Andrés Faro

Vor zweieinhalb Jahre habe ich mich getrennt. Die Entscheidung fiel mir sehr schwer, war aber gut überlegt und notwendig und bedeutete das Ende einer langen Beziehung, die viele Jahre glücklich, aber im letzten Abschnitt unerträglich war. Zumindest für mich. Leider ist der Wunsch nach Trennung nämlich oft einseitig. Man kann versuchen, eine Beziehung zu retten, solange dies noch möglich ist, muss aber auch einsehen, wenn sie gescheitert ist, und dann Abhilfe schaffen. Früher blieben Ehepaare um jeden Preis zusammen, selbst wenn es mehr Unterschiede als Gemeinsamkeiten gab. In Spanien wurde 1981 das während 45 Jahren außer Kraft gesetzte Scheidungsgesetz neu verabschiedet. Es war eine polemische Entscheidung, die auf großen Widerstand in den konservativen Kreisen stieß, doch heute ist das Recht, sich scheiden zu lassen, indiskutabel. Zusammenzubleiben, „bis dass der Tod uns scheidet“, und sei die Beziehung auch noch so mies, ist kein Muss mehr.

Die eigenen Gefühle kann man sich nicht aussuchen, und sie können sich ändern. Die Suche nach dem Glück ist ein universelles Recht, und niemand kann anderen sein Glückskonzept aufzwingen, denn es ist ganz persönlich und subjektiv. Wenn in einer Beziehung die Glücksmomente rar werden und eine Aussöhnung unmöglich wird, ist die Trennung vermutlich die beste Lösung. Aber mit Respekt. Es ist nicht immer leicht, respektvoll miteinander umzugehen, wenn viele Interessen und Gefühle im Spiel sind und die (nicht immer positiven) Emotionen hochkochen. Ist die Entscheidung jedoch erst einmal getroffen – und sei es nur einseitig –, sollte man sie so schmerzlos und friedlich wie möglich umsetzen. Liebe lässt sich nun mal nicht erzwingen – erst recht nicht mit Druck, Beschimpfungen oder gar Gewalt.

Natürlich ist eine Trennung nicht die Lösung aller Probleme und kann sogar für neue sorgen, doch ist sie eine große Erleichterung und macht den Weg frei für eine neue, andere und idealerweise bessere Zukunft. Ich verteidige keineswegs die Trennung als Allheilmittel für schlechte Beziehungen, sondern das Recht zu entscheiden, und sei es letztlich eben auch zur Trennung, mit oder ohne Einverständnis der Gegenseite. Langfristig ist es sicher das Beste für beide Seiten. Ich will mich nämlich nicht gezwungen fühlen, mit jemandem zusammen zu sein, und niemand soll sich gezwungen fühlen, mit mir zusammen zu sein.

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5 Responses to Das Recht zu entscheiden

  1. Elena says:

    Hola, André:

    Aunque estoy totalmente de acuerdo contigo en lo que se refiere al matrimonio (estar juntos cuando ya la situación no es sostenible no tiene ningún sentido) no creo que sea una casuística extrapolable al conflicto España-Cataluña. No creo que este sea un problema “sentimental” (por decirlo así) sino económico. Imagínate ahora una comunidad de vecinos donde los habitantes del piso bajo no están de acuerdo con las cuotas de gastos comunitarios que se aprobaron en Junta de vecinos -democráticamente, por cierto, puesto que se votaron entre todos- y deciden, unilateralmente, dejar de pagarlas. El ascensor, por ejemplo, porque no hacen uso del él (alegan) y la luz del portal porque ellos tardan menos de 30 segundos en acceder a su vivienda y consideran que pagar a partes iguales la factura de la luz con todos los vecinos es injusto. Lo mismo con la limpieza, ¿por qué tienen que pagar las 3 horas que el servicio de limpieza tarda en limpiar todas las escaleras si ellos sólo ensucian dos metros cuadrados de portal? Además deciden modificar el aspecto de la fachada, otro aspecto prohibido por el estatuto vecinal, el cual indica que se debe respetar la estética del edificio.

    Obviamente esto es una metáfora muy burda, pero me parece que quizá pueda servir. Los vecinos del bajo van a seguir viviendo en su casa, nadie se mete con lo que hagan de puertas para adentro o que el resto de vecinos les caigan mejor o peor, o que quieran comer paella con la familia los miércoles y no el clásico domingo. Lo que no pueden hacer es tomar decisiones sobre asuntos que afectan también al resto de vecinos cuando existen normativas que los regulan. Si no les gustan esas normas tendrán que luchar por cambiarlas, negociar con los vecinos, hacer propuestas, razonar sus motivos, etc. Por supuesto la otra parte igualmente tendrá que llevar a cabo una tarea de escucha, razonamiento y negociación.

    Eso es lo que creo que nos está fallando. Que los catalanes no se sienten españoles, o menos españoles o más españoles que nadie, eso es algo de puertas para adentro. Nadie les puede imponer un sentimiento u otro. Y que conste que respeto completamente el cómo se sienta cada uno. Sin embargo, pretender saltarse la ley para actuar como a uno más le conviene sí afecta a los demás, eso es lo que no considero ni justificable ni permisible.

    No sé si me he explicado bien, al menos lo he intentado. La gran pena de todo esto es que estoy viendo reacciones que me dan vergüenza ajena tanto de un lado como de otro. Han conseguido que un problema político, económico, de tirarse piedras un gobierno a otro haya pasado a la calle. Y lo peor es que terminemos pensando que el problema realmente es lo bien o lo mal que me caiga el vecino, enarbolando las cortinas para autoidentificarnos: ¿del bajo C o del 2ºA?, ¿cortinas de flores o de rayas? Ay, madre. Snif.

    Un fuerte abrazo a todos, se sientan de donde se sientan. :)

    Elena

    • Muchas gracias por tu extenso comentario, Elena. Entiendo tu metáfora, pero no la comparto porque entiendo que lo que quiere parte de los catalanes no es pertenecer a la comunidad de vecinos y no pagar sino salirse de la comunidad de vecinos, dejar de usar los elementos en común y pagar solo los gastos que ellos mismos generan. Lo digo como interpretación de tu metáfora, aunque en realidad creo que no es tanto una cuestión económica y, en todo caso, lo que apoyo no es la independencia en sí sino el derecho a decidir, tal y como comentaba en mi publicación. Estoy seguro que de gran parte de los catalanes se ha visto “empujado” hacia la lucha por la independencia por el mero hecho de que no se les dejaba expresarse en un referéndum. De haberse permitido celebrarlo, creo que podría haber pasado algo similar como en su día en Escocia.

      Otro abrazo,
      André

      • Elena says:

        Cierto, André:

        Como te dije la metáfora es muy burda. No sirve para explicar una situación que en realidad es mucho más compleja. Lo que quería decir que, a la postre, si existe una normativa que afecta a todos -vecinos, ciudadanos, familiares, pongámosle el nombre que queramos- tal legislación debe cumplirse o, en su caso, cambiarse. Pero para eso hay un procedimiento legal que se debe seguir. No conozco la legislación de Reino Unido, por lo que no puedo valorar su referéndum. Lo que sé es que en España no era legal si nos atenemos a la legislación vigente, que no es otra sino la Constitución. Si se permite a alguien saltarse la Constitución, que no podrá saltarse algún otro después, me pregunto.

        Creo que Carlos Alsina lo explica bastante bien en esta respuesta a Gerard Piqué recogida en youtube: https://www.youtube.com/watch?v=GZz4yuo20K0

        En fin, no pretendo convencer a nadie, por supuesto. Tan sólo expresar una opinión e intentar, ante todo, transmitir un mensaje de sensatez y respeto.

        ¡Un abrazo!

        Elena

        • Muchas gracias por tus aclaraciones, Elena, y, sobre todo, por la sensatez con la que te expresas, ya que lamentablemente escasea mucho estos días. Yo creo que este caso la Constitución puede no estar a la altura de la situación y haberse anticuada. En fin, agradezco tus palabras y tu respeto hacia mi opinión, que te devuelvo.

          Un abrazo,
          André

          • Elena says:

            Si en algo estamos de acuerdo es que en la Constitución está anticuada. Aunque no sé si es anticuada o simplemente que no refleja la realidad del país. Quizá en su momento solucionó un problema que entonces era más acuciante: pasar de una dictadura a una democracia. Si bien creo que el paso, una vez dado, ya nos debería permitir darnos el tiempo de reflexionar sobre qué cosas son necesarias cambiar y qué cambios exige la ciudadanía. Tanto que hablamos de soberanía nacional en estos días y quizá esta sea la mayor muestra de una soberanía efectiva: que todos nos pusiéramos de acuerdo para, cuanto menos, sentarnos a dialogar.

            A pesar de lo bonito que suena eso, lamento decir que mi mayor pena es que no confío para nada en los representantes políticos que, en nuestro nombre, ejercen esa facultad. Esa es nuestra mayor lacra, a mi modo de ver.

            Aún así resulta muy interesante poder comentar contigo estos temas. Siempre es enriquecedor conocer cómo se nos ve desde un punto de vista “externo”. :) ¡Y un placer leerte en tu blog!

            Elena

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